13 enero, 2026

Pirotecnia y fiestas, una deuda social pendiente

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Con cada llegada de las fiestas, la pirotecnia sonora vuelve a instalarse como un problema recurrente, aun cuando la ciudad cuenta con una regulación que prohíbe su uso. La falta de cumplimiento expone una contradicción entre la norma y la realidad.

Los estruendos no solo incomodan: generan daños concretos. Niños, especialmente aquellos con TEA, sufren episodios de angustia severa. Adultos mayores y personas con problemas de salud enfrentan riesgos físicos y emocionales ante detonaciones inesperadas.

Las estadísticas también reflejan accidentes, incendios y lesiones graves, muchas veces dentro de viviendas, lo que evidencia el peligro de la pirotecnia en entornos urbanos.

En paralelo, los animales atraviesan situaciones de estrés extremo. El pánico provocado por los ruidos deriva en huidas, accidentes y muertes, afectando tanto a mascotas como a fauna silvestre.

Desde el punto de vista ambiental, la pirotecnia genera contaminación sonora, residuos peligrosos y riesgo de incendios, un factor crítico en zonas de interfase urbana y áreas naturales protegidas.

La discusión de fondo es clara: celebrar no debería implicar dañar. Existen múltiples formas de vivir las fiestas sin pirotecnia, priorizando el cuidado colectivo y el respeto por el entorno.

Cumplir la normativa y optar por festejos responsables es una decisión que refleja conciencia social y compromiso con una convivencia más segura.

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