Con solo dos años, ya tiene una misión: cuidar animales
Tiene apenas dos años y siete meses. A su edad, muchos niños comienzan a descubir el mundo. Albita ( así le decimos), en cambio, ya aprendió algo que a muchos adultos les lleva toda una vida comprender: que los animales sienten, sufren, aman y merecen ser cuidados.
Albita es hija de Camila Pollio y nieta de Ivana Malastina, una de las integrantes de Neuquén Adopciones, organización que junto a Cristina Canio, que trabaja diariamente rescatando, recuperando y encontrando hogares para animales abandonados.
Desde muy pequeña creció rodeada de rescates, veterinarias, hogares de tránsito y adopciones responsables. Mientras su mamá trabaja, a la mañana va al jardin y pasa gran parte de las tardes con su familia y acompaña muchas de las actividades vinculadas a la protección animal.
Pero Albita no es una simple observadora.
Participa de los rescates, pregunta por cada animal, se preocupa cuando alguno está enfermo y celebra cada final feliz como si fuera propio.
Hace pocos días, camino a buscar un gatito que ya había sido dado en adopción, preguntaba una y otra vez:
—¿Está lastimado? —¿Tiene sangre, abuelita? —¿Vamos a la veterinaria?
Cuando le explicaron que el gatito estaba bien y que solamente iban a buscarlo para llevarlo a su nueva familia, sonrió aliviada:
—Qué lindo, abuelita, que está bien.
Los animales forman parte de su vida cotidiana. Conoce sus historias, pregunta por ellos y pide ver fotografías de aquellos que fueron adoptados. Muchas veces, mirando una imagen, resume todo con una frase que derrite corazones:
—Abu, con esta foto te morís de amor!!!!!!
Y quizás haya algo aún más especial.
Los animales parecen reconocer en Albita un refugio.
Cada perro o gato que llega a su casa termina encontrando en ella una compañera inseparable. Los rescatados suelen compartir sus juegos, sus abrazos y hasta su cama.
El último fue Lucas, un galguito rescatado que permaneció en tránsito hasta encontrar una familia definitiva. Durante ese tiempo durmió junto a ella cada noche. Cuando finalmente fue adoptado, celebró que hubiera encontrado un hogar, porque para Albita el amor nunca significa posesión: significa cuidado.
Así ocurrió también con Ema, una perrita rescatada en la meseta. Cuando le explicaron que estaban sacándole fotografías para encontrarle una familia, respondió sin dudar:
—Yo la rescaté. Es mía. Yo soy su familia, abuelita.
Y Ema se quedó.
En su vida también ocupan un lugar muy especial Burlete y Chicho, dos de sus grandes amigos . Alba los sigue con admiración, pregunta por ellos, disfruta cada video y habla de ambos con el cariño que se reserva para quienes forman parte de la familia.
Este sábado estuvo presente en el programa Animalia por Cadena Uno , compartiendo un momento junto a Burlete y Chicho, dos figuras que para ella representan mucho más que perros: representan amistad, compañía y ese vínculo extraordinario que une a los animales con las personas desde el amor y el respeto.
Detrás de Albita hay una familia comprometida con la protección animal. Una familia que rescata, cura, alimenta, acompaña y busca hogares para quienes más lo necesitan.
Pero también hay algo propio de ella. Una sensibilidad difícil de explicar. Una forma de mirar a los animales que conmueve.
Porque para Albita no son casos, estadísticas ni publicaciones en redes sociales. Son amigos. Son compañeros. Son familia.
Y mientras muchos adultos todavía discuten el valor de la compasión, una niña de dos años y siete meses ya la práctica todos los días.
Por eso, cuando muchos la llaman la proteccionista más joven de la Argentina, quizás no están exagerando.
Porque la protección animal no empieza cuando alguien funda una organización o dirige una campaña.
Empieza cuando un niño o niña aprende a preocuparse por otro ser vivo. Y Albita ya lo aprendió.

