Espondiloartritis axial: cuándo el dolor de espalda deja de ser común
El dolor lumbar persistente, muchas veces asociado a una mala postura o al estrés, puede ser la señal de una enfermedad poco visible pero de alto impacto: la espondiloartritis axial.
En el marco del Día Mundial de la Espondiloartritis Axial, que se conmemora este 2 de mayo, especialistas advierten sobre la importancia de diferenciar un dolor ocasional de uno de origen inflamatorio. La clave está en su comportamiento: empeora con el reposo, aparece durante la noche y mejora con la actividad física.
Se trata de una enfermedad inflamatoria crónica y progresiva que afecta principalmente la columna vertebral y las articulaciones sacroilíacas. Con el tiempo, puede comprometer tendones, ligamentos y otras estructuras, generando dolor continuo y limitaciones en la movilidad.
Uno de los principales desafíos es su diagnóstico. Durante años, esta patología pasó inadvertida, con demoras que podían superar los siete años. Hoy, ese tiempo se redujo a alrededor de tres años y medio, aunque sigue siendo clave la detección temprana.
La doctora Emilce Schneeberger, especialista en reumatología, advierte que suele presentarse en personas jóvenes, menores de 45 años. “Si el dolor lumbar persiste por más de tres meses, empeora con el reposo y mejora con el movimiento, es fundamental consultar a un especialista”, señaló.
Entre los síntomas más frecuentes se encuentran la rigidez matinal prolongada, el dolor nocturno y la mejora al realizar actividad física. Además, muchos pacientes responden inicialmente a antiinflamatorios no esteroides, que permiten aliviar el dolor y controlar la inflamación.
El origen está vinculado al sistema inmunológico y factores genéticos. El marcador HLA-B27 aparece con frecuencia en pacientes diagnosticados, aunque no determina por sí solo la enfermedad.
El impacto va más allá del dolor. La condición puede generar fatiga, limitaciones funcionales y complicaciones en otros órganos, además de aumentar el riesgo cardiovascular si no se controla.
En el plano laboral, la enfermedad también deja huella. Según datos relevados, el 75% de los pacientes enfrenta dificultades en el trabajo y un 64% presenta síntomas de depresión, en un contexto marcado por el dolor crónico y la incertidumbre.
Desde la Asociación Civil Argentina de Personas con Enfermedades Reumáticas (ACAPER) remarcan que se trata de una “discapacidad invisible”, lo que muchas veces dificulta su comprensión en ámbitos laborales y sociales.
El tratamiento se define de manera escalonada. Comienza con antiinflamatorios y, en casos necesarios, incluye terapias biológicas y medicamentos dirigidos, que permiten frenar la progresión y mejorar la calidad de vida.
Los especialistas coinciden en un punto: reconocer los síntomas a tiempo puede cambiar el pronóstico y evitar daños irreversibles.

